EL SILENCIO


SIEMPRE ESTÁS ALLÍ, CAUTO Y SOSEGADO
VISTIENDO TU TOGA DE SABIO ORADOR
Y AUNQUE ERES MUDO, DICES DEMASIADO
VERDADES QUE NI OYE MI LADO HABLADOR.

PUEDES EVALUAR MUY ATENTAMENTE
CADA PALABRA DE MI LENGUA INQUIETA
TU INSTANTE DE ACTUAR ESPERAS PACIENTE
CON BOZAL, RIENDAS, O MIL CARETAS.

SI ME ENVUELVE EN LLANTO UNA FRÍA AUSENCIA
EN TU SENO ABRIGAS TODO MI DOLOR
SEGÚN LA OCASIÓN IMPONES PRESENCIA
DE GUERRERO IMPLACABLE O DE BUEN PASTOR,

Y ENSEÑAS DE LO SIMPLE Y NATURAL
COMO BUDA CONTIGO ENSEÑÓ EL AMOR.


INSAURRALDE, Alejandro, “El silencio”, Dimensiones, Buenos Aires, Magdala, 2008, pág. 43.